Ensayo · Zombie or not

Empresa zombie: cómo detectar la zombietud en tu organización

Una empresa zombie persigue solo su supervivencia, dejando de lado el motivo de su existencia. Cómo detectarla en otros y, sobre todo, en uno mismo.

por Leo Piccioli@leopiccioli6 min

Diez de diciembre de 2021: termina la performance en vivo de "Super Trouper", con los enfermeros empujando las cuatro sillas de ruedas de los miembros de ABBA, y llega el momento tan esperado. Las primeras filas están destinadas a autoridades. Las últimas, a la prensa. Yo estoy en las filas del medio y miro a mi alrededor tratando de reconocer las caras, pensando que tal vez conseguiría una selfie con un futuro Mandela o Gorbachov. Una mujer con una toga y peluca con canas enruladas se para frente al micrófono. Muy sobriamente y con un inglés perfecto dice: "El ganador del premio Nobel de las Organizaciones es…". Suenan redoblantes y platillos y en el momento más esperado escucho unos fuertes ladridos, totalmente fuera de lugar. Mientras trataba de encontrarle sentido, la alarma me despertó.

Con una mezcla de enojo, decepción y vergüenza, me levanté e inicié mi rutina habitual, pero con algo que me molestaba, una piedrita en el zapato que tenía que quitar. Sí, los zapatos era algo que usábamos para caminar afuera de casa. Los zapateros eran quienes al inicio fabricaban zapatos y luego, simplemente, los reparaban. Y, entre la fabricación en masa que hizo más económico comprar otro par que reparar uno viejo y la fenomenal aceleración del cambio que generó la Pandemia I, el zapatero desapareció completamente, no sin antes tener unos minutos de éxito agrandando cinturones.

En realidad, no desapareció el zapatero. Desapareció su demanda. Él sigue esperando que vuelva el pasado, que todo sea como era antes, en sus épocas de riqueza, cuando rechazaba clientes con zapatos feos o que lo trataban mal.

El fabricante de corbatas se apoyaba siempre en Mabel, su eficiente y educada secretaria. Ella, además de hacer algunas tareas generales como manejar la máquina de fax y ser la voz del preatendedor telefónico, tenía un trabajo más importante: tipear en una Olivetti Lettera los memos que le dictaba su jefe y recorrer la planta y oficinas haciéndolos firmar, uno por uno.

El cambio no es opcional

Así como primero no desapareció el zapatero sino su demanda, tampoco desapareció en primer lugar el corbatero sino su demanda. En un comienzo, zapatero y fabricante de corbatas seguían firmes, como si Blockbuster hubiera estado en 2020 esperando que a un cliente le dejara de andar Netflix. Algunas especies desaparecieron con un megaevento como un meteorito; pero la mayoría, a merced de la evolución natural, simplemente no se reprodujo o murió de hambre.

Y todos podemos ser el zapatero, el corbatero, la secretaria o el dueño de Olivetti (hoy parte de Telecom Italia). Nos va a pasar el día en que dejemos de probar cosas nuevas, evitemos equivocarnos, bajemos los brazos y comencemos a gritar: "Basta de cambio", "Make Argentina Great Again", "En mi época esto no pasaba". Ese día todos nos vamos a convertir en zombies.

De hecho, es una pena que el concepto de zombie ya haya sido inventado, porque me encantaría crearlo y aplicarlo —además de a las personas— a la empresa.

Empresa zombie: dícese de aquella organización que persigue como objetivo solo su supervivencia, dejando de lado el motivo de su existencia.

Si una empresa zombie desaparece, el mundo mejora como un todo. Recursos importantes —no solo financieros sino más que nada humanos— se verían forzados a "alocarse" a otros proyectos que, claramente, tendrían más futuro. Y serían un aporte positivo al mundo.

La misión de una empresa, aun ínfimamente, mejora el mundo.

Cada integrante de una empresa zombie fue atraído, en un principio, con cierto objetivo que implicaba una mejora. Con el tiempo, a veces sin que nadie lo notara, se enfocó en un fin de mucho más corto plazo, como puede ser ganar más dinero, satisfacer a sus accionistas, sobrevivir o, simplemente, comer cerebros humanos, desgastarlos hasta que no sirvan para nada.

La paradoja de la zombietud

La zombietud de una empresa es evidente para el observador externo, pero puede generar las siguientes respuestas cuando se confronta con uno de sus integrantes:

"Lo que pasa es que no entendés." "Tenemos un proyecto para reinventarnos." "Los de arriba no entienden nada." "Los de abajo no quieren cambiar." "Gano bien, ¿para qué correr riesgos?" Y la fatídica: "Siempre lo hicimos así".

Una vez detectado el grado de zombietud, intentaremos por todos los medios evitar el proceso tradicional para resolver la situación:

Negación: "Los clientes se quejan, pero somos la única opción", "Están mal las estadísticas" o "No soy un zombie, estoy en un impasse".

Enojo: "No puede ser que Netflix nos esté quitando los clientes, hagámosle juicio", "Lo que pasa es que el Estado no ayuda" o "El problema es que mi jefe es insoportable".

Negociación: "Contratemos a una consultora para que nos ayude a hacer un plan y poder mostrárselo a los accionistas".

Depresión: "¿Y qué vamos a hacer?… Si no pudimos con un virus, no nos queda mucha salida".

El desafío es ir rápidamente a la quinta etapa del duelo, la Aceptación: entender que la realidad cambió y que seguirá cambiando, querramos o no.

Pero, como las empresas están formadas, en teoría, por humanos, quizás más importante que conocer el grado de zombietud de tu organización sea hacerse cargo del propio.

Una organización será tan zombie como el más zombie de sus integrantes principales.

Generar cambios implica no ser entendido, despertar resistencias y críticas. Generar cambios a propósito debe ser de las cosas menos agradables y requiere una obstinación como las que olvidamos que tuvieron los líderes que admiramos, como Gandhi o Mandela.

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